OVACIÓN Opinión Cultural

OVACIÓN Opinión Cultural
Se publica en El Deber los sábados
Contiene comentarios y notas sobre la actividad artística que se lleva a cabo en Santa Cruz de la Sierra y Bolivia

domingo, 21 de agosto de 2011

OVACIÓN 067 Bellas Artes - Aida McKenney

BELLAS ARTES
Celebrando 34 años de música
El Instituto Superior de Bellas Artes festejó su trigésimo cuarto aniversario con dos conciertos en los que se presentó lo mejor de su alumnado. El efecto favorable del trabajo de esta institución se deja sentir en Santa Cruz.

Conjunto de saxofones. Grupo destacado de Bellas Artes
En Santa Cruz se ha vivido en los últimos años, un incremento substancial de la cantidad y la calidad de músicos que ejercen su oficio en diferentes espacios. Orquestas, conjuntos y solistas que se escuchan en salas de concierto, iglesias y locales de esparcimiento. Donde suena algún grupo musical de calidad, interpretando música clásica, popular o folklórica, es infalible que allí esté presente un egresado del Instituto Superior de Bellas Artes, a cuya labor educativa se debe casi exclusivamente este fenómeno tan positivo.

Ya quedan lejos en la memoria los ochentas de Daniel Perego, el empeñoso profesor argentino que enseñaba a tocar el violín a algunas de las primeras generaciones de violinistas cruceños. Se organizó inclusive una pequeña orquesta, tal vez la primera  en su género en Santa Cruz.

A pesar de que el Instituto cumple ahora 34 años de existencia, no son tantos los que transcurrieron en el escenario de profesionalidad que hoy está pisando. Las artes adquieren sus mejores perfiles en una sociedad que las cultiva por largos períodos de tiempo. Bellas Artes es, en ese sentido, nada más que un infante que acaba de nacer y como muchos neonatos bolivianos, no tiene la vida ni asegurada ni suficientemente asistida.

Bellas Artes comenzó en su momento a formar pianistas y violinistas. Poco a poco se ha ido sumando la enseñanza de instrumentos de las familias de la madera, los metales y la percusión en géneros diferenciados entre clásico, popular y folklórico. El panorama educativo se completa con la formación de coros y orquestas clásicas y folklóricas que prometen mucho.

La interacción de Bellas Artes con las iniciativas de formación de orquestas que emergen en Santa Cruz, es poco y mal comprendida. Ayudaría saber que un joven que no ha terminado satisfactoriamente su formación, sobre todo en el área de la técnica instrumental, no puede pasar a tocar en una orquesta, un repertorio para el que no posee habilidades suficientes e interrumpir así su aprendizaje. Esto distorsiona la percepción del concepto de profesionalidad en el estudiante y garantiza la mediocridad de la orquesta.

Congratulaciones para el Instituto Superior de Bellas Artes.

AIDTA McKENNEY
Una vida dedicada a la cultura cruceña

La Sra. Aidita McKenney pertenece a una generación de cruceños audaces y determinados que hace ya algunas décadas, cuando la actividad cultural en nuestra ciudad se hallaba desatendida, tomaron bajo su responsabilidad la tarea de impulsarla.

Las principales instituciones culturales de Santa Cruz contaron con su aporte siempre desinteresado, rasgo personal que va pasando a la historia en nuestro país que muchas veces da la impresión de retroceder en lugar de avanzar. Estuvo vinculada con la creación de la Casa de la Cultura y fue presidenta de su directorio por muchos años. Fue fundadora, directora y cantante del Coro Santa Cecilia, una entidad pionera en Bolivia y prestigiosísima en su tiempo, que ahora casi no da muestras de continuar con vida. En su momento, Aidita se avocó exclusivamente a la dirección del Instituto de Bellas Artes, consiguiendo su consolidación institucional y erigiéndolo como el principal establecimiento educativo musical de la región. Un mérito muy señalado, en este emprendimiento, ha sido saber rodearse de personal capacitado profesionalmente para estructurar su sistema organizativo y académico. La tarea no fue ni es nada fácil, porque en nuestro medio se arrastran comportamientos propios de estructuras sociales atrasadas, poco habituadas a una praxis contemporánea, eficiente, organizada y efectiva.

La labor de Aidita ha sido entonces más difícil, porque además de luchar contra la generalizada insensibilidad de las instituciones públicas y privadas que tienen la obligación de apoyarla, ha debido muchas veces enfrentar la incomprensión y la resistencia dentro de sus propias filas y ha terminado por ser una educadora cuya acción excedió los límites de lo académico, para intentar encausar a alumnos, padres y maestros por la vía del diálogo, la concertación y la responsabilidad.

Vaya en estos instantes de celebración un saludo a Aidita.



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